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La memoria colectiva de nuestro patrimonio
Un elemento primordial para la manera en que un lugar, un edificio, una estructura o incluso una tradición tienen un determinado significado para una comunidad es la Memoria Colectiva de la población: la gente, como un todo, va registrando hechos y situaciones que acontecen en su contexto y los asocia con ciertos lugares o valores del entorno. Con el paso del tiempo, éstos adquieren mayor fuerza como elementos pertenecientes a un modo de ser de esa población.
Es por ello que mientras más arraigados están los bienes muebles, inmuebles y los valores abstractos en el pensamiento de una sociedad, será más fácil que en un momento de riesgo se puedan rescatar y preservar el patrimonio, ya que cuando se tiene conciencia plena del valor de lo pasado y lo presente, la comunidad es más participativa y defiende con decisión aquellos bienes que le son significativos.
Tenemos una noción de aquellos edificios y lugares que en la actualidad son susceptibles de declararse patrimonio cultural, pero también nos tenemos que ir ocupando de todo aquello que todavía se considera “reciente” (la Ley habla de una antigüedad de 49 años), pero precisamente todo lo que tiene 10, 15, 20 o 30 años y que está en camino a convertirse en el patrimonio del futuro es lo que debe ser más atendido y reconocido por la memoria colectiva, porque el significado de un edificio puede superar a su edad y si la sociedad lo tiene presente, será más fácil su preservación en el tiempo presente para garantizar su futuro.
México tiene un enorme reto para balancear a lo largo y ancho de su territorio los logros en materia de preservación histórica que se requieren en el cuidado de un legado significativo y de tradición milenaria. Preservar adecuadamente el patrimonio no es exclusivo de las grandes ciudades como México o Guadalajara, ya que existen casos como el de Zacatecas en donde se ha logrado la máxima distinción (Patrimonio Cultural de la Humanidad reconocido por la UNESCO) y se ha mantenido por varios años teniendo la posibilidad de que el centro histórico de la ciudad sea un reflejo de un legado de siglos atrás y al mismo tiempo represente la actualidad de una ciudad en progreso. ![]()
Ciudades más jóvenes como las de Baja California no tienen que esperar a cumplir 400 años (comparadas con otras zonas del país) para alcanzar objetivos y preservar el legado que su propia historia, por corta o larga que sea, puede tener para sus habitantes. Un centro histórico deteriorado en este momento puede ser una imagen negativa, pero si no nos preocupamos como sociedad por conocer su pasado, y el proceso que lo llevó a la situación actual, no habrá manera de reconocer el valor intrínseco y el potencial que una intervención podrá generar para una estructura, un edificio o el distrito completo.
Interpretando los conceptos de Norman Tyler en su libro “Preservación Histórica. Una introducción a su historia, principios y práctica”, no importa que sea Preservación (mantenimiento sin alteración), Restauración (regreso documentado a la condición de un periodo específico), Reconstrucción (réplica de una estructura que ya no existe) o Rehabilitación (trabajos de actualización y adaptación a un nuevo uso), toda intervención a un bien o sitio es un punto de partida (en lugar de una culminación) para las discusiones que se hayan de generar en torno al tema de la Preservación Histórica.
Son cuestiones de gestión, de discusión, de actividad y de voluntad por preservar lo que nos relaciona con la historia del lugar donde vivimos, partiendo de que la preservación del patrimonio edificado no debe ser un “freno al cambio” o un “obstáculo de frente al futuro”. Una vez entendida, consensada y ejecutada es una de las mejores maneras de aportarle valor a lo que día con día va formando la historia de nuestro país, de nuestra ciudad y de nosotros mismos.
Por ello desde una caminata o un paseo en bicicleta hasta elaboradas rutas de autobús y eventos especiales, todo esfuerzo, por pequeño o grande que sea, es vital para difundir esos sitios y distritos históricos que están presentes en nuestras ciudades y que merecen la atención tanto del ciudadano local como del visitante foráneo, entendiendo la importancia desde este momento de preservar lo que se tiene en el presente para que algún día pueda convertirse en el legado para las nuevas generaciones.
Por: Juan Antonio Pitones R., Departamento de Patrimonio Cultural del ICBC.





